martes, 30 de septiembre de 2008

Anécdotas de mi vida: "El microondas"

Algunos ya conocéis este capítulo de mi vida, lo he contado cientos de veces, casi siempre con alguna caña o copa de más… Así que, ¿por qué no compartirlo con todos vosotros? Con los que se rieron en su día, para que vuelvan a sonreir al recordarlo; y con los que no lo conocen, para que se echen unas risas a mi costa. Ahí va…

Una bonita mañana de Febrero, me encontraba en mi casa estudiando porque era época de exámenes. Casualmente, ese día se estropeó el microondas de mi casa y mi madre nos mandó a mi padre y a mí llevarlo a reparar. Enseguida lo bajamos, lo montamos en el coche y lo llevamos a una tienda que había cerca de mi barrio.

Al volver a casa, me puse de nuevo a estudiar… comí y a eso de las 20:00 de la tarde, en pleno momento de concentración, mi madre me asaltó: “¡Ay Cristina!” a lo cual respodí: “Qué!” (no sabía a qué venía esa cara de preocupación…) Entonces mi madre continuó: “Que tienes que ir a la tienda del microondas!!” y yo: “¿Por qué?” (la verdad es que no entendía nada… y mucho menos que iba a entender…)

¿Sabéis cuál fue la respuesta de mi madre?... al loro: “PORQUE ME HE DEJADO LAS ALITAS DE POLLO DENTRO” jajajajaja!! Me río yo sola de pensarlo… jajaja!!

Entonces comenzó una batalla campal, entre mi madre y yo, que sabía que iba a perder… Yo decía que no iba y mi madre que sí… encima argumentaba que cómo mi padre y yo no nos habíamos dado cuenta… como si fuese nuestra culpa!!

Confieso que llegué a llorar porque me negaba a ir y mi madre seguía insistiendo… estas son las cosas típicas que nos hacen las madres para no pasar vergüenza ellas… como cuando les daban mal las vueltas de la compra y te mandaban a ti a la tienda a pedir lo que les faltaba... Joder!

Como podéis imaginar, a pesar de los lloros y discursiones, al final cogí una bolsa, me la guardé en el bolsillo y me dispuse a ir al rescate de las alitas… jajajaja!! Me preparé el discurso, pero ninguno me convencía! A ver! ¿Qué hubiéseis dicho vosotros?

Por el camino me encontré con una vecina que me preguntó dónde iba… joder!! pues a por las alitas de pollo que se había dejado mi madre en el microondas!! Lo normal! Jajajaja!! A mi vecina le hizo tanta gracia que se vino conmigo para que pasara más vergüenza…

Al llegar a la tienda, esperé a que no hubiese nadie, sólo la mujer que atendía y, sin pensarlo más, entré… y dije: “Es que… vengo porque… esta mañana he traído el microondas a arreglar y… mi madre (ahí si podía echarle las culpas, aunque la vergüenza iba a ser la misma) SE HA DEJADO LAS ALITAS DE POLLO DENTRO", jajajaja!! Es que no puedo!! Me acuerdo y me parto yo sola (todas las veces).

La mujer, entre risas, me dijo que cuál era mi microondas… Dios! Había cientos!! Jajaja!! Uno por uno abriéndolos a ver dónde estaban las p. alitas!! Jajajaja!! Dónde están las alitas, aquí o aquí, jajaja!! Pero aparecieron, eh!! Ni corta ni perezosa las cogí, las guardé corriendo en la bolsa que llevaba en el bolsillo y desaparecí de la tienda para no volver jamás… La cena de esa noche os la cuento otro día :-)

Bueno, esta es una anécdota de mi vida, la más graciosa que me conozco, porque ojo en la de foros que me han pedido contarla, pero una más… Con ella, os animo a que comentéis lo que queráis o contéis las vuestras propias para que me pueda echar yo unas risas también :-)

Besitos a todos!!

martes, 9 de septiembre de 2008

El alacrán

Un maestro oriental vio cómo un alacrán se estaba ahogando y decidió sacarlo del agua pero, cuando lo hizo, el alacrán le picó.

Por la reacción al dolor, el maestro lo soltó y el animal cayó al agua, que de nuevo comenzó a ahogarse. El maestro intentó sacarlo otra vez y el elacrán le volvió a picar.

Alguien, que había observado todo, se acercó al maestro y le dijo:
"Perdone, ¡pero usted es terco! ¿No entiende que cada vez que intente sacarlo del agua le picará?"

El maestro respondió: "La naturaleza del alacrán es picar y eso no va a cambiar la mía, que es ayudar"

Y entonces, ayudándose de una hoja, el maestro sacó al animalito del agua y le salvó la vida.

No cambies tu naturaleza, tu forma de ser, porque alguiente haga daño, sólo toma precauciones. Cuando la vida te presente mil razones para llorar, demuéstrale que tienes mil y una razones por las cuales sonreír.